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Extraña Conversación
Capítulo I
Hoy, al amanecer, capté una conversación inalámbrica que cruzaba justo sobre mi laboratorio electrónico en Fray Bentos. Las voces eran femeninas y decían así:
- Aunque parezca mentira, yo te ví primero.
- ¡Claro! Cuando yo nací tu ya estabas ahí.
- Sí; aquí estoy desde hace cien años. Pero hace rato que me jubilé. Ahora solo soy el símbolo fálico de la Revolución Industrial.
- ¿Y tu a que vinistes?
- ¿Que viva! A echar humo como tú.
- Yo ya no hecho nada; pero tú tampoco.
- Todavía no. Porque me hicieron como se hace un auto, pero al revés: empezaron por el caño de escape...
Dices que eres un símbolo ¿eh? Eso es anacrónico. La revolución industrial ya pasó. En aquel tiempo, la demandas del consumo crearon la industria. A su vez, las industria crearon el capital. Cuando el capital fué lo suficientemente fuerte, el proceso se invirtió: El capital fué quien siguió creando industrias. A partir de ahí fué necesario crear también una sociedad de consumo, la cual hizo prosperar actividades colaterales, como consultotas, intermediarios, agentes de publicidad, comunicadores, etc...¿Entiendes?
- No mucho. Estoy un poco avejentada. Pero explícame por qué tu podrás echar humo y yo no.
- Te lo dije: Porque pasaste de moda.
- Pero soy mas elegante que tú. Soy de ladrillo rojo y tengo base ornamentada.Tú eres un simple cilindro de hormigón. Creo que todavía yo...
- Pero soy más jóven, más alta y más fuerte. A propósito ¿que humo echabas?
- Hollín, dióxido de carbono y vapor de agua.
- Nada más? Piensa bien.
- Bueno; a veces trazas de dióxido de azufre. ¿Y tú?
- Todavía no lo sé. Y aunque lo supiera no te lo diría.
- ¿Porque no?
- Los secretos industriales no se revelan. Puede copiarlos la competencia. La conversación se cortó cuando el sol salió por completo.
Mañana, al amanecer, trataré de captar algo más.
Capítulo II
Nuevamente hoy de madrugada fuí a mi laboratorio; conecté el detector electrónico y escuché que la más joven le preguntaba a la más vieja:
- ¿Como te fué con la tormenta?
- ¡No me hables! Me cayó un rayo encima.
- ¿Y que? A mí me caen a cada rato: me divierto viendo como mi pararrayos los descarga a tierra.
- ¡Que viva! El tuyo es nuevito; tiene buena tierra.
Pero al mío lo jubilaron junto conmigo. Y así como algunos viejos pierden los dientes, el mío perdió su tierra.
De protector se transformo en dañino. Atrajo el rayo y en lugar de descargarlo en tierra, como lo hacía antes, lo descargó sobre mi propia estructura.
¡Que horror! ¿Y como quedastes?
- ¡Ay! Todita rajada de arriba a abajo. Puedo caerme en cualquier momento.
- ¡No; por favor! Sería una pena que no pudiéramosseguir charlando; ahora, que hemos hecho buenas migas.
- No te aflijas. Creo que me van a enyesar. Pero lo primero que deberían arreglar será la descarga a tierra, porque si cae otro, voy a quedar como piso de cancha de tenis.
- Bueno; no hablemos más de cosas tristes. Dime: ¿Como eran tus patyrones?
- ¡Ah! Mis patrones eran...era...
En ese momento nuevamente salió el sol, y su radiación interrumpió abruptamente la conversación.
Mañana intentaré retomarla otra vez.
Capítulo III
Hoy proseguía la conversación entre las dos eminencias. Continuaba hablando la más vieja:
-... eran inversionistas alemanes o ingleses.
- en que invertían?
- Resulta que un químico alemán muy ingenioso, descubrió el modo de meter una vaca entera en un frasco de tres litros. Y al contenido le llamó "extracto de carne".
Con tal extracto se podía hacer rápida y facilmente un caldo exquisito. Aunque no se debía abusar de él, porque la creatina te hacía subir la urea en la sangre.
Como aquí había muchas vacas, los inversionistas resolvieron enfrascarlas a todas y vender el extracto en Europa.
Los alemanes eran muy buena gente; se integraban a los uruguayos. Costruyeron casas para los obreros; casas de "ladrillo a la vista" que hasta hoy se ven en algunas calles de Fray Bentos, como calle España y calle Haedo.
Cosntruyeron una escuela y una sociedad recreativa.
Luego vino la primera guerra mundial en 1914.
Los alemanes fueron derrotados y se fueron de acá.
Un consorcio de judíos nacidos en Inglaterra, no sé bien si compró la fábrica o la recibió como botín de guerra. Lo cierto es que en el año 1924 le puso el nombre de Anglo.
Mis nuevos patrones también eran buenos, pero no hicieron más casas ni escuelas. Pusieron distancia entre ellos y sus obreros. Eso sí: Pagaban muy bien.
Luego vino la segunda guerra mindial en 1939. Y fíjate en la ironía del destino: Los nuevos dueños del Anglo mandaban el invento del químico alemán para alimentar a los soldados ingleses que entonces mataban soldados alemanes.
Eso se justificaba porque, a su vez, los alemanes estaban matando los judíos.
-¿ Que barbaridad! ¿Eso pasó?
- Sí.
- Anda más despacio; a ver si te sigo.
- Eso es todo; es la verdadera historia.
- ¿Y después?
- ¡Ay! La fábrica se volvió obsoleta. Las nuevas fábricas procesaban carne en forma horizontal y no vertical. Para el frío utilizaban freón y no amoníaco.
- ¿Entonces?
- Entonces los ingleses también se fueron.
- ¿Y la fábrica?
- La ocuparon los criollos.
- ¿Los de este lado del río o los del otro?
- Los de éste, que son iguales a los del otro.
- ¡Ah, ya veo! ¡Pobrecita! Con razón te cayó el rayo. No me cuentes más.
- Está bien; pero ahora cuéntame tú algo sobre tus patrones.
En ese momento salió el sol y corto la conversación.
Trataré de retomarla mañana.
Capítulo IV
Hoy retomé la conversación.
- Mis patrones decía la más jóven - son finobálticos de la rama ugrofinesa, de origen mongólico.
- ¡¿...........?!
- Te aclaro: Antiguamente, como vivían en Laponia, eran lapones. Pero el 6 de diciembre de 1917 se declararon independientes; fundaron la República de Finlandia y desde entonces son finlandeses.
- Ah, ahora entiendo.
- Acogen bien a los extranjeros. Pero no intentes intimar con ellos, porque son todos como una gran familia. Nunca te verán como unos de sus miembros. Para ustedes, los criollos...
- ¡Ojo! Yo soy inglesa interrumpió la mas vieja.
- Sí, pero acriollada. Como te decía, para ustedes son seres extraños porque no conocen la corrupción, ni las coimas, ni la "viveza criolla". Cumplen estrictamentecon las leyes. No toleran puchos ni condones tirados en la vereda. Tampoco caca de perro. Los jubilados no pasan hambre y los hospitales tienen remedios. En su país no hay analfabetismo.
- Aquí tampoco.
- Pero allá los semianalfabetos, que son más peligrosos que los analfabetos, son prudentes: no opinan sobre lo que no saben.
- Bueno, bueno...Dejémonos de comparaciones, que siempre son odiosas. Ahora dime: ¿Porque qué eligieron un lugar tan polémico y conflictivo?
- ¿Porque dices eso?
- Porque tu has probocado que halla borrasca allede el río.
- Pues la haya o no la haya, estamos protegidos por La Haya.
- Aún así, ¿porque no eligieron las riberas del Amazonas? Tienen mayor caudal, hay madera en abundancia y los indios no son borrascosos.
- Porque allí el clima mataría a mis patrones, que vienen del círculo polar ártico.
- En ese momento, el sol cortó la comunicación.
- Mañana, si puedo, volveré a sintonizarla.
Capítulo V
- Hoy te veo triste - dijo la de ladrillos.
- Claro. ¿No ves lo que me pasa? - respondió la de hormigón.
- No, hija mía. Cuéntame.
- Primero hubo un paro obrero y a raíz de eso ahora hay un "lock out" patronal.
- ¿Por que? Explícame.
- Porque mis patrones trajeron obreron finlandeses que sustituirán a obreros uruguayos.
- Eso está mal.
- No tan mal. Míralo así: Si tu fueras capataz de una empresa que trabaja en Senegal, tus obreros senegaleses hablarían sudanés y no entenderías ni jota de lo que tu les dices en español. Preferirías tener a tus órdenes obreros uruguayos que hablen tu mismo idioma.
¿No?
- Sí. Pero hay un convenio...
- Quisiera verlo escrito.
- Aunque no lo hubiere, la diferencia de salarios es injusta.
- Colócate en su lugar. Si tu estuvieras en Senegal, a los obreros de Senegal le pagarías lo que marcan las leyes de Senegal y a los obreros uruguayos le pagarías lo que marcan las leyes en Uruguay, aunque fuera más.
¿No?
- No, porque eso es ilegal y antipático.
- Sería ilegal pagar de menos; no creo que sea ilegal pagar de más. Reconozco, eso sí, que es antipático. Como tu dijistes bien ayer, las comparaciones son siempre odiosas. Pero recuerda lo que dijo el viejo Vizcacha: "Cuando veas a otro ganar, a estorbarlo no te metas..."
- ¡Ah! Veo que también has leído el "Martín Fierro".
- Desde la altura en que estoy puedo ver y leer todo.
Y ahora disculpa; me voy a dormir porque me duele la cabeza.
Jaime Bianchi
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